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¿Qué le está pasando al Sol?

Sol Manchas Solares

IRL

28 dic 2025

¿Nos debemos preocupar por ver auroras boreales en cada vez más países?

Nos enfrentamos a una contingencia astronómica de magnitud incierta que podría alterar de forma irreversible nuestra comprensión de la arquitectura universal y nuestra posición en la jerarquía del espacio-tiempo, el monitoreo de los fenómenos heliofísicos ya no representa solo un avance en la recopilación de datos, sino una estrategia de preservación.

 

Estamos frente a un horizonte desconocido que desafía todo lo que creíamos saber sobre la mecánica del universo y el propósito de nuestra existencia. En este contexto, la vigilancia de los cielos ha dejado de ser una rama de la academia para convertirse en el único medio para asegurar nuestro mañana. Lo que hoy percibimos como un simple aviso técnico es, en realidad, un punto de inflexión que reescribirá los libros de historia y de ciencia por igual. Debemos aceptar que no somos entes aislados, sino que formamos parte de un sistema dinámico y vivo. El Sol está rompiendo su silencio a través de sus tormentas y su energía, enviando un eco que resuena en todo el sistema solar. Escucharlo no es solo un acto de sabiduría, sino un paso necesario para entender quiénes somos realmente en la inmensidad del tiempo.

 

Lo que estamos viviendo hoy con la actividad del Sol es algo que no tiene comparación con el pasado. El hecho de que las auroras boreales bajen hasta lugares tan alejados de lo habitual como lo es España o México, nos recuerda que vivimos en un sistema vivo y en constante movimiento. Pero hay que ser prudentes; no se trata solo de luces bonitas en el cielo. Todo indica que estamos por vivir eventos diferentes, con sorpresas que la ciencia todavía está tratando de descifrar. Es como si el universo estuviera escribiendo un nuevo capítulo y nosotros estuviéramos apenas aprendiendo a leerlo. Lo que tenemos por delante nos obligará a cambiar nuestra forma de ver el mundo.

 

Expertos han confirmado que los asombrosos espectáculos que estamos viendo en nuestros cielos no son producto del azar, sino el resultado de una intensa actividad en el corazón de nuestra estrella. En los últimos días, el Sol ha dejado de ser un observador silencioso para mostrar toda su potencia, liberando ráfagas de energía conocidas como fulguraciones.

Entre estos eventos, los científicos destacaron una llamarada de clase X5, una de las más poderosas registradas en todo el año. Pero, ¿qué significa realmente que sea clase X5?

Para entenderlo de forma sencilla, la ciencia utiliza una escala similar a la que mide la intensidad de los terremotos. Las letras (A, B, C, M y X) nos dicen qué tan fuerte es la explosión:

  • Las clases A, B y C son pequeños susurros del Sol, casi imperceptibles para nosotros.

  • La clase M es un grito moderado que ya puede afectar algunas comunicaciones.

  • La clase X es la categoría máxima; es el Sol hablando con toda su fuerza.

Cuando le ponemos un número, como el 5, estamos diciendo que esa explosión fue cinco veces más potente que una llamarada X1. Es, literalmente, una de las mayores expresiones de energía de nuestro sistema solar.

Desde una mirada más profunda, esto nos recuerda que la Tierra no es una isla aislada en el vacío. Estamos conectados por hilos invisibles de magnetismo y luz con el Sol. Lo que los investigadores de la UNAM observan en sus monitores no son solo datos científicos, sino el latido de un sistema vivo del que formamos parte. Ver las luces en el cielo y entender su origen nos invita a reconocer nuestra fragilidad y, al mismo tiempo, la fortuna de ser testigos de la inmensa fuerza que permite nuestra existencia.

 

Desde la UNAM, se ha explicado que las auroras boreales son, en esencia, un mensaje luminoso que nos envía el Sol. Científicamente, este fenómeno ocurre en las capas más altas de nuestra atmósfera. El Sol lanza al espacio una corriente constante de partículas cargadas de energía; cuando estas partículas llegan a la Tierra, chocan con las moléculas de aire que nos rodean.

Ese choque, ese "encuentro" entre la energía solar y nuestro aire, libera una energía que nosotros vemos como luces de colores bailando en el cielo. Es lo que la ciencia llama luminiscencia. Es, literalmente, el aire brillando por el roce con el viento solar.

 

 

 

Normalmente, el campo magnético de nuestro planeta guía estas partículas hacia los polos, por eso países como Finlandia, Suecia o Rusia son los escenarios habituales de este espectáculo. Sin embargo, vivir este fenómeno en México es algo extraordinario. Que estas luces lleguen a nuestras latitudes es una señal de la fuerza descomunal que el Sol está liberando en estos momentos.

Desde una perspectiva más profunda, esto nos recuerda que las fronteras que vemos en los mapas no existen para el universo. Lo que suele pertenecer solo al frío norte ha descendido para saludarnos, rompiendo la rutina de nuestro cielo nocturno. Ver una aurora en México no es solo un dato científico curioso; es un recordatorio de que somos parte de un todo interconectado, donde un evento ocurrido a millones de kilómetros de distancia puede pintar de colores nuestra propia casa y cambiarnos la forma de ver el mundo para siempre.

 

Aunque las auroras son hermosas, el Sol también envía ráfagas de energía que pueden "confundir" a nuestros aparatos. Estas tormentas solares pueden causar pequeñas fallas en cosas que usamos todos los días, como el GPS de nuestro celular, las señales de radio e incluso en las redes eléctricas que nos dan luz.

Es curioso pensar que algo que pasa tan lejos pueda afectar cómo nos comunicamos aquí abajo, pero es una realidad: vivimos conectados a lo que sucede en el espacio. Por eso, los expertos vigilan el Sol día y noche, para avisarnos si algo pudiera afectar a nuestro país.

 

¿Debemos preocuparnos?

Aquí viene la parte más importante y tranquila: a pesar de que nuestras máquinas puedan tener algún fallo, estas tormentas no nos hacen daño a los seres vivos. No afectan nuestra salud y tampoco tienen nada que ver con los temblores, los huracanes o el cambio climático.

Sin embargo, si una tormenta solar como la ocurrida en evento Carrington ocurriera en nuestros tiempos algo muy grande se rompería y rozaría lo apocalíptico. En 1859 lo único que se rompió fueron las líneas de telégrafo. Hoy, nuestras redes eléctricas son como inmensas antenas que recibirían toda esa energía del Sol de golpe.


  • Transformadores quemados: La sobrecarga de energía fundiría los grandes transformadores de las ciudades. No es algo que se arregle subiendo un interruptor; fabricar y cambiar esos equipos toma meses.

  • Sin servicios básicos: Sin luz, no hay bombas para mover el agua, no hay refrigeración para la comida y no hay gasolina (porque las bombas en las estaciones son eléctricas).

Nuestros satélites están allá afuera, sin la protección de la atmósfera, recibiendo el impacto directo.

  • Adiós al GPS: Olvida Google Maps o Waze. Pero lo más grave es que los barcos y aviones que transportan medicinas y comida también dependen de eso para navegar.

  • Internet y comunicaciones: Los cables de fibra óptica que cruzan los océanos tienen "repetidores" eléctricos que podrían quemarse, dejando a continentes enteros desconectados entre sí.

Al igual que en 1859, veríamos auroras boreales en lugares imposibles, como la Ciudad de México o Colombia. El cielo se pintaría de rojo y verde, sería un espectáculo de una belleza increíble, pero también un recordatorio visual de que estamos en medio de una crisis tecnológica global, el llamado “Silencio Tecnológico”

 

La ciencia es muy clara en esto: el Sol está activo y algunos científicos están mencionando que debido a que la actividad solar ha sido mas intensa es muy probable que estemos en el final del ciclo de Glessberg, seguramente has escuchado que el Sol tiene un ciclo de 11 años (el ciclo de Schwabe), donde su actividad sube y baja. Pues bien, el Ciclo de Gleissberg es como un "hermano mayor": es un ciclo mucho más largo que dura aproximadamente entre 80 y 90 años en lugar de medir cuándo hay una mancha solar hoy o mañana, este ciclo mide qué tan fuertes son los grupos de ciclos de 11 años.


Nos encontramos en un momento de la historia donde el Sol parece estar desafiando todas nuestras predicciones, recordándonos que, aunque nos creamos dueños del conocimiento, la naturaleza siempre tiene la última palabra. A pesar de que se esperaba que la actividad solar bajara después de alcanzar su punto máximo en agosto de 2024, hoy seguimos viendo una intensidad asombrosa que supera lo que los científicos habían planeado, demostrando que estamos ante una anomalía que ni las computadoras más avanzadas pudieron anticipar.


El gran reto es que, como humanidad, solo tenemos registros detallados de unos 25 ciclos solares, lo cual es apenas un suspiro si comparamos esos casi 300 años de datos con los miles de millones de años que tiene nuestra estrella; es como intentar conocer la vida entera de una persona observándola apenas un segundo, lo que nos deja sin información estadística suficiente para saber qué pasará realmente. Esta falta de datos nos sitúa en una posición de profunda humildad, recordándonos que somos apenas pasajeros en un viaje cósmico que apenas estamos empezando a entender, y mientras el ciclo 25 entra poco a poco en su fase de calma, nos queda el tiempo necesario para estudiar estos misterios y prepararnos para lo que el ciclo 26 nos quiera revelar. Al final, estar atentos a lo que ocurre más allá de nuestro planeta ha dejado de ser una simple curiosidad científica para convertirse en una necesidad.

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